Séptimo día de la Novena a Nuestra Madre Santísima del Carmen

Acto de contrición: Señor mío, Jesucristo…

Oración preparatoria: Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en esta Novena, si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo: (rezar tres avemarías).

Madre de Dios y Madre nuestra

Y sucedió que por aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto, para que se empadronase todo el mundo. Este primer censo fue hecho siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos fueron a inscribirse, cada uno a su ciudad. José subió también desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David; para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.

Y sucedió que estando allí, se cumplieron los días de su parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. (Lc 2, 1-7).

De los Escritos de Santa Teresa de Jesús de los Andes, carmelita descalza.

La que puso en mi alma el germen de la vocación fue la Santísima Virgen. Ella me amó y, no encontrando otro tesoro más grande que darme en prueba de su singular protección, me dio el fruto bendito de sus entrañas, su Divino Hijo. ¿Qué más me pudo dar? Madre mía, sé Tú mi Madre. Acuérdate que me he dado a ti. Guárdame pura, virgen, en tu Corazón Inmaculado. Que él sea mi refugio, mi esperanza, mi consuelo, mi soledad. Me pongo en tus brazos maternales para que Tú me coloques en los de Jesús. Me abandono a Él. Que se haga su santa voluntad.

Oración final: Señor, Dios nuestro, que has honrado a la Orden del Carmen con la advocación especial de la bienaventurada y siempre Virgen María, Madre de tu Hijo; concede a cuantos celebramos su recuerdo que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos al gozo eterno de la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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