Octavo día de la Novena a Nuestra Madre Santísima del Carmen

Acto de contrición: Señor mío, Jesucristo…

Oración preparatoria: Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en esta Novena, si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo: (rezar tres avemarías).

María, Iglesia naciente

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Coplás, y María Magdalena. Jesús viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. (Jn 19, 25.27)

De  María, Madre en plenitud del Beato María Eugenio del Niño Jesús, carmelita descalzo.

Al pie de la cruz, mientras del corazón traspasado de Jesús brotaba agua y sangre, significando el nacimiento de la Iglesia y la vida que sobre la Iglesia se derrama, hemos asistido a otro espectáculo centrado en la Santísima Virgen, que nos ha conmovido profundamente: la proclamación de su maternidad.  Hemos visto a una madre que todo lo perdía al perder a su hijo; pero al mismo tiempo, hemos sentido la maternidad que en ella se dilataba. He ahí que en el Calvario Jesús la llama “Madre”: “Ahí tienes a tu Madre, ahí tienes a tu hijo”. Y es que, en el Calvario, llega a su plenitud la maternidad de la Santísima Virgen. María era madre de Dios, madre de Cristo Jesús, del Verbo encarnado; pero su maternidad se amplía y dilata, a la medida de la Iglesia y del mundo, y se convierte en la madre de san Juan, que representa a la humanidad cristiana, a la humanidad regenerada.

Oración final: Señor, Dios nuestro, que has honrado a la Orden del Carmen con la advocación especial de la bienaventurada y siempre Virgen María, Madre de tu Hijo; concede a cuantos celebramos su recuerdo que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos al gozo eterno de la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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