Cuarto día de la Novena a Nuestra Madre Santísima del Carmen

Acto de contrición: Señor mío, Jesucristo…

Oración preparatoria: Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en esta Novena, si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo: (rezar tres avemarías).

Lucero que lleva nuestra nave

A los tres días lo encontraron, por fin, en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que lo oían quedaban desconcertados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo se quedaron extrañados, y le dijo su madre:
– Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros ? ¡ Mira con qué angustia te buscábamos tu padre y yo !  El les contestó : -¿Por qué me buscaban ? ¿ No saben que yo tenía que estar  en la casa de mi Padre ? (Lc 2, 46-49)

De la poesía Por qué te amo, ¡oh María! de Santa Teresa del Niño Jesús.

Por tres días, Jesús se esconde a tu ternura, / y entonces sí, sobre tu vida cae / un oscuro e implacable riguroso destierro. / Por fin, logras hallarle, y al tenerle, / rompe tu corazón en trasporte amoroso… / Y le dices al Niño, encanto de doctores: “Hijo mío, ¿por qué has obrado así? / Tu padre y yo, con lágrimas, te estábamos buscando…” / “¿A qué buscarme, Madre? ¿No sabíais, acaso, / que en las cosas que son del Padre mío / he de ocuparme ya?” / Me enseña el Evangelio  que, creciendo en sapiencia, /a José y a María Jesús sigue sumiso. / Mi corazón intuye con qué inmensa ternura / Él obedece siempre a sus padres queridos. / Ahora ya comprendo el misterio del templo, /
las crípticas palabras del amable Rey mío. / Madre, tu dulce Hijo quiere que seas ejemplo / del alma que le busca de la fe en lo escondido.

Oración final: Señor, Dios nuestro, que has honrado a la Orden del Carmen con la advocación especial de la bienaventurada y siempre Virgen María, Madre de tu Hijo; concede a cuantos celebramos su recuerdo que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos al gozo eterno de la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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