Quinto día de la Novena a Nuestra Madre Santísima del Carmen

Acto de contrición: Señor mío, Jesucristo…

Oración preparatoria: Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en esta Novena, si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo: (rezar tres avemarías).

Auxilio de los cristianos

Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: “Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones”. (Lc 2, 34-35).

De la Tercera Memoria de Sor Lucia de Jesús y del Inmaculado Corazón de María (vidente de Fátima), carmelita descalza.

Nuestra Señora me dijo que nunca me abandonaría y que su Inmaculado Corazón sería mi refugio y el camino que me conduciría a Dios; y que, al decir estas palabras, fue cuando extendió sus manos, haciéndonos penetrar en el pecho los reflejos que de ellas salían. Paréceme que a partir de este día, este reflejo infundió principalmente en nosotros un conocimiento y amor especial para con el inmaculado Corazón de María. Desde ese día, sentimos en nuestro corazón un amor más ardiente hacia el Inmaculado Corazón de María.

Oración final: Señor, Dios nuestro, que has honrado a la Orden del Carmen con la advocación especial de la bienaventurada y siempre Virgen María, Madre de tu Hijo; concede a cuantos celebramos su recuerdo que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos al gozo eterno de la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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