Primer día de la Novena a Nuestra Madre Santísima del Carmen

Acto de contrición: Señor mío, Jesucristo…

Oración preparatoria: Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en esta Novena, si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo: (rezar tres avemarías).

Llena de Gracia

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una Virgen, desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la Virgen se llamaba maría. El ángel entrando en su presencia dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres. (Lc 1, 26-28).

De los Pensamientos de Santa Mariam de Jesús Crucificado, carmelita descalza.

Te voy a contar mi oración a María. Tú eres virgen en el mundo, oh María. ¿Quién habría pensado que tú eras Madre de Dios? Has llegado a ser Madre de Dios por causa de tu humildad. El ángel del Señor se presenta a María para anunciarle que sería Madre de Dios. La Virgen, iluminada por la luz potente de Dios, se humilla al pensar que aquel que ha creado la tierra va a ser su Hijo. El ángel hablaba a la Virgen Madre y cada vez que el ángel le hablaba María se humillaba. ¡Oh María, eres humilde y amable en tu humildad!

María era también un modelo de fe. ¡Oh, que la fe de María era agradable al Padre celestial! Por su fe hacía todos los días crecer en ella a Jesús. Esta misma fe, si nosotros la tenemos, también hará crecer a Jesús en nuestro corazón.

Por causa de su fe y humildad, María se siente indigna de venir a ser la Madre de Dios. En este mundo los niños no pueden nacer sin una madre; por una mujer entran en el mundo. También nosotros entramos en el cielo por una mujer. Esta mujer es María. Después del pecado los hombres esperaban el fruto de María, de esta dulce Virgen, humilde y santa. ¡Bendita seas, María, bendita seas!

Oración final: Señor, Dios nuestro, que has honrado a la Orden del Carmen con la advocación especial de la bienaventurada y siempre Virgen María, Madre de tu Hijo; concede a cuantos celebramos su recuerdo que, guiados por su ejemplo y protección, lleguemos al gozo eterno de la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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