Hermanas de la Bienaventurada Virgen María

Guardamos la regla de Ntra. Sra. del Carmen (Sta. Teresa: V 36, 26); plegue al Señor sea todo para gloria y alabanza suya, y de la gloriosa Virgen María, cuyo hábito traemos. (V 36, 28). Parezcámonos, hijas mías, en algo a la gran humildad de la Virgen Santísima, cuyo hábito traemos, que por mucho nos parezca nos humillamos quedamos bien cortas para ser hijas de tal Madre (C 13, 3).

La Virgen y Santa Teresa

Las huellas de Santa Teresa en tierras andaluzas, están, como dijo ya Fray Luis de León al publicar por primera vez sus escritos, principalmente en sus hijas, que quieren imitarla y hacerla revivir, y en los conventos donde ellas viven.

En ese deseo de hacer presente a su Santa Madre las carmelitas han acudido sobre todo a imágenes y cuadros que representan la vida y obra de su Santa Madre, o a escritos y poemas para expresar de algún modo su presencia siempre viva.

Y entre tantas y tan variadas huellas y vivencias, nos vamos a detener en sus vivencias marianas, pues nos encontramos en “La tierra de María Santísima”: Las vivencias marianas de Teresa.

No podemos concebir a Teresa, sino como la enamorada de Dios, la que solo busca la plena unión con Él, la que tiene a Cristo por el amigo verdadero, humano y con flaquezas y trabajos… como compañero. Pero tampoco la podemos concebir sin María. Ya que MARÍA, a quien Dios ha preparado “para ser digna morada de su Hijo”, que ha dado carne al Verbo, es el máximo encuentro de Dios con el hombre y el lugar privilegiado del encuentro del hombre con Dios en Cristo. Aquella a quien Teresa ha escogido como Madre desde su más tierna infancia: “Afligida fuíme a una imagen de nuestra Señora y suplicaba fuese mi madre con muchas lágrimas. Parecíame que aunque se hizo con simpleza me ha valido; porque conocidamente he hallado a esta Virgen soberana en cuanto me he encomendado a ella, y, en fin, me ha tornado a sí” (Vida 1,7).

Dicen los estudiosos que Teresa ha vivido experiencialmente todos los misterios de la vida y la fe cristiana, ya que prácticamente no hay misterio de la fe del que no tengamos una palabra o una vivencia teresiana. Pues lo mismo habría que decir de sus vivencias marianas. Todo el misterio de María en sus más variadas expresiones ha tocado alguna fibra del alma de Teresa.

“En la experiencia  mística teresiana del misterio de la Virgen hay como una progresiva contemplación y experiencia de los momentos más importantes de la vida de la Virgen, según la narración evangélica”.

 J.F.M. OCD

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