La consagración, una llamada de la misericordia divina.

Santa Teresa de Jesús denominó el libro de la Vida como el “libro de las Misericordias de Dios” (Cta 415, 1) y en él hace una interpretación de su vida desde su relación con el Señor para contar cómo irrumpe en su vida y la lleva hacia sí. Para ella, su vocación fue el gran acto de misericordia del Señor para con ella, como se puede leer en sus escritos:

El capítulo 1 lleva por título “Cómo comenzó el Señor a despertar esta alma en su niñez a cosas virtuosas…”: Hacía limosna como podía, y podía poco. Procuraba soledad para rezar mis devociones, que eran hartas, en especial el Rosario… (Vida 1,6)

En tomando el hábito, luego me dio el Señor a entender cómo favorece a los que se hacen fuerza para servirle (…) A la hora me dio un gran contento de tener aquel estado, que nunca jamás me faltó hasta hoy; y mudó Dios la sequedad que tenía mi alma en grandísima ternura (V 4,2).

No se cómo he de pasar de aquí, cuando me acuerdo la manera de mi profesión y la gran determinación y contento con que la hice y el desposorio que hice con Vos. Mas veo tales mis obras después, que no se qué intención tenía, para que más se va quién sois Vos, Esposo mío, y quien soy yo. Que es verdad, cierto, que muchas veces me templa el sentimiento de mis grandes culpas, el contento que me da que se entienda la muchedumbre de vuestras misericordias (V 4,3).

Muchas veces he pensado espantada de la gran bondad de Dios, y regaládose mi alma de ver su gran magnificencia y misericordia.

Sea bendito por todo, que he visto claro no dejar sin pagarme, aun en esta vida, ningún deseo bueno. Por ruines e imperfectas que fuesen mis obras, este Señor mío las iba mejorando y perfeccionando y dando valor, y los males y pecados luego los escondía; aun en los ojos de quien los ha visto, permite su Majestad se cieguen y los quita de su memoria. Dora las culpas; hace que resplandezca una virtud que el mismo Señor pone en mi, casi haciéndome fuerza para que la tenga. (V 4, 10)

¡Bendita sea tanta misericordia, y con razón serán malditos los que no quisieren aprovecharse de ella y pierden a este Señor!

( VI Moradas 4, 9)

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