Transparencia de Dios

Testimonio de un religioso ejemplar:

Ad memoriam del Padre Miguel Romeo Madriñan L.C. en el primer aniversario de su muerte

En el año de la Vida consagrada, compartimos el testimonio de la vida de un querido amigo, el Padre Miguel Romeo, Legionario de Cristo. Dios nos concedió la gracia de conocerle muy de cerca y hemos podido contemplar la obra maravillosa que el Espíritu Santo ha obrado en su corazón enamorado de Jesucristo y en su vida llena de fuego apostólico. Descansa en la paz del Cielo este ejemplar religioso, profeta del amor de Dios.

P. Miguel Romeo Madriñan L.C.

Fallece en Suiza el P. Miguel Romeo, Legionario de Cristo.

El viernes 14 de noviembre de 2014, el P. Miguel Romeo Madriñán, partió a la casa del Padre después de concluir su peregrinación terrena a los 50 años. Murió en Suiza en un accidente mientras hacía uno de sus acostumbrados recorridos en bicicleta. Desde el pasado mes de agosto, se encontraba en ese país preparando un doctorado y ayudando como capellán de Le Châtelard. Lo recordamos con especial gratitud por su participación en el Capítulo General Extraordinario a inicios de este año (2014).

Nació en Vigo, España, el 24 de diciembre de 1963. Estaba estudiando COU en el Instituto Cortadura de Cádiz cuando entró en contacto con un legionario que pasaba por su colegio en noviembre de 1981. En esta ocasión escuchó una frase que le acompañó por el resto de su vida: «El que conoce a Cristo, ya no lo deja más». En enero de 1982 participó en sus primeras convivencias en Salamanca y fue al candidatado ese mismo verano. En sus memorias, cuenta que fue al noviciado para demostrarse que no tenía vocación, pero tras la visita al convento de Carmelitas de Mancera quedó profundamente impresionado y de regreso a Salamanca todo se le fue haciendo claro: «Dios sólo podía querer para mí la felicidad y no me obligaba a seguir este camino, que sólo era una invitación. Al llegar al centro de noviciado ya me había decidido a ser legionario». Ingresó al noviciado de la Legión de Cristo el 14 de septiembre de 1982. Realizó su primera profesión el 15 de septiembre de 1984 en Salamanca. Hizo su profesión ad vitam el 12 de diciembre de 1990 en Roma. En julio de 1994, apenas ordenado diácono, recibió el encargo de preparar la fundación del noviciado en Colombia. Fue ordenado sacerdote el 25 de noviembre de ese mismo año en México. Ejerició su ministerio en diversos países como Colombia, México, el Salvador, Italia, España y Suiza, su último destino.

Con la bicicleta que usaba para dar largos paseos por las montañas suizas.

Con la bicicleta que usaba para dar largos paseos por las montañas suizas.

He luchado hasta el final el buen combate, concluí mi carrera, he conservado la fe”.

Miguel, un nombre muy acorde para quien vivió como un fiel soldado de Dios. Con los ojos fijos en Él y el corazón en el cielo, pero sirviéndole en la tierra con celo incansable. Como un ángel, era transparencia de Dios, mensajero. En palabras del Padre Paul Habsburg, L.C., su superior durante los últimos meses, en la homilía de la misa de exequias: “ El era un hombre que, a mí personalmente, me daba ganas de Dios, ganas de santidad. Era una de esas personas que al estar con ellas no se te queda el: ¡Qué tipazo! No, te dejaba a Dios, eso para mí es un sacerdote, lo ves a él y alabas a Dios. Cuando vi por primera vez el cuerpo de Miguel me pregunté: ¿Qué es este cuerpo sin el alma? Y pensé: Es como un caballero que deja su armadura y el rey lo llama y le dice: ven conmigo. Dios dice al P. Miguel: deja tu armadura con la que has combatido valientemente 50 años…”.

Murió siendo él mismo, inesperadamente en un “día cualquiera”, haciendo su vida ordinaria, pero una vida ordinaria vivida con intensidad. Era un hombre alegre y lleno de energía, se esmeraba en todo lo que hacía. Disfrutaba del deporte y la naturaleza; la bicicleta le llevaba a Dios, le gustaba hacer largos recorridos y contemplar aquellas hermosas montañas suizas junto al lago. Como lo dijo su hermano Alberto: “Un hombre que vivía todo con intensidad: también la fe”.

Un hombre profundamente enamorado de Cristo y con una adhesión total a El y su Iglesia. En una carta de felicitación a una de nuestras hermanas, con motivo de su Toma de Hábito en octubre de 2007, le escribió: “Con su respuesta se inicia, o más bien se abre el camino para adentrarse en una historia de amor…una historia que apenas está comenzando, y que sólo llegará a su plenitud en el cielo. Sin embargo, estamos llamados a la máxima plenitud también en la tierra, la plenitud de una persona transformada en Cristo…Nuestra vocación es una verdadera aventura. La gente del mundo se hace a la idea de que renunciamos a todo; pero para el amor, consagrarnos a Cristo no tiene el sabor de una renuncia, sino de una ganancia como ninguna…Claro, el amor tiene a veces un sabor agridulce y doloroso, pero no por eso es menos la ganancia. Enhorabuena, y a ser ¡siempre fiel!, en las buenas y en las malas.”

Siempre fiel”, así fue su vida como religioso: Fiel a su amor verdadero por Cristo, a su opción por Él, fiel a la Iglesia y sobre todo, fiel a la Legión a quien tanto amó.

Era conocido por ser una persona recta, responsable y exigente, de esas personas que pueden pedirte mucho porque se adelantan a entregarse por entero. Podía exigir porque siempre era el primero en dar ejemplo de que era posible hacer lo que él pedía. Su coherencia le otorgaba una autoridad que recuerda mucho a la de Jesús en el Evangelio. Amaba, amaba mucho e intensamente y sin cursilería ninguna lo dejaba sentir, era un amor viril y elegante que se dejaba entrever a través de la delicada atención con que escuchaba y sus preguntas para interesarse por su interlocutor. Siempre atento y formal, era agradable su compañía, que amenizaba con una alegría serena y sentido del humor ingenioso. En su trato no sobraban palabras, todo lo que decía era constructivo y moderado.

Hemos comentado muchas veces que el Padre Miguel ya tenía un pie en el cielo.

El P. Paul en la homilía de su misa exequial:

En la última conversación, el viernes por la mañana, hablamos del Espíritu Santo, de cómo él va transformando nuestra familia espiritual a través de la conversión de nuestros corazones y el padre estaba entusiasmado. Me dijo: “Está llegando el Espíritu Santo, nos está cambiando”. Lo decía con gran entusiasmo, como un hombre que quería ver a Dios y todo lo que entraba en su corazón lo hacía más legionario, más religioso, más de Dios. Hablamos de María, de santa Teresita de Lisieux y yo me decía: ¡Qué maravilla que no hablamos de fútbol, de la última película! Aunque hay momentos para hablar de eso también. Hablamos de Dios casi una hora. ¡Qué gusto poder hablar con un hermano sacerdote sobre nuestras cosas!».

Escribió también Nubia Signoret, consagrada RC en el libro de condolencias que abrió la Legión de Cristo en su página web (http://www.regnumchristi.org/sites/inmemoriam-pmiguelromeo/) : “Ha pasado un poco más de una semana en que Dios le llamó… Usted ha llegado al cielo… a la meta… por fin, el gran encuentro con Jesús. Ese encuentro que tanto deseaba… Recuerdo que hace menos de dos meses le pregunté cómo imaginaba el cielo. Y con su sencillez me respondió con este link: (Can Only Imagine- MercyMe). Ahora usted ya no imagina, ahora es una realidad… Llevo en el corazón sus consejos y su eterna sonrisa.”

Can Only Imagine – MercyMe

Solo puedo imaginar como sería el caminar a Tu lado…
Solo puedo imaginar, lo que mis ojos verán con Tu rostro frente a mi
Solo puedo imaginar, solo puedo imaginar…

Rodeado de Tu Gloria.
¿Qué sentirá mi corazón?
¿Danzaré para ti, Jesús?
¿O en asombro por ti, no me moveré?
¿Estaré de pie en Tu presencia, o de rodillas caeré?
¿Cantaré ‘Aleluya’?
¿Podré pronunciar palabra alguna?

Solo puedo imaginar.
Cuando llegue ese día, cuando esté ante el Hijo
Solo puedo imaginar,
cuando todo lo que haga,
por siempre, por siempre sea adorarte a Ti
Solo puedo imaginar, Solo puedo imaginar…

Solo puedo imaginar…
cuando todo lo que haga por siempre,
sea por siempre adorarte a Ti.
Solo puedo imaginar.

Comparte también en el libro de condolencias María del Río, consagrada RC un mensaje que le escribiera el P. Miguel en agosto de ese mismo año desde Suiza “La fe me dice que Dios hace todo para nuestro bien y que tiene preparados encuentros de salvación en esta tierra. En él pongo mi confianza, a través de la intercesión de María y de mis consagradas del Regnum Christi.”

Un hombre profundamente Mariano, entre las poquísimas cosas que dejó al morir, se encontraba su rosario y una medalla de la Virgen Milagrosa a quien profesaba una especial devoción. P. Paul: «¿Por qué quedó su cuerpo bien y no destrozado? Creo yo que María tuvo mucho que ver, porque Miguel era muy mariano. María sabe cuidar de nuestro cuerpo, en la vida, para que lo tratemos bien, y en la muerte para que quede la belleza. Fue como yo lo vi.” El último canto al colocar su féretro en el cementerio fue la Salve Rociera. Años atrás, en una de sus visitas a España había celebrado una misa a los píes de la Blanca Paloma.

Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume.” (Jn 12, 3). Fue el versículo del Evangelio con el que en una ocasión nos dio una meditación para un retiro. Le gustaba el perfume de nardo que poníamos en el comulgatorio cada misa antes de la comunión. Nos habló del amor que se entrega por entero, sin medir, que tiene valor por si mismo, por ser genuino, gratuito, el amor que llena la casa de perfume. Después de partir el Padre Miguel al cielo, su recuerdo ha llenado de la fragancia del amor a todos los tuvimos la dicha de conocerle. Su partida ha dejado una estela de perfume, de buen olor, como la muerte de los santos. Ciertamente ha sido muy dolorosa, pero un suave aroma consuela nuestros corazones como un bálsamo, un halo de sobrecogimiento ha envuelto este acontecimiento, no nos dejó desconsolados. Sigue presente, con su ejemplo, con sus consejos, con la belleza de Dios que irradiaba su vida. Nos ha dejado la casa llena de perfume.

Del Padre Miguel, podemos destacar muchas virtudes y su gran labor en la Legión de Cristo, pero su “hacer” el bien no solo se limitaba a su vida como religioso y sacerdote, él era ante todo un pastor de almas, un padre, un hermano mayor que cuidaba de todos y se entregaba con diligencia y delicadeza al servicio de todos los que le rodeaban: sus hermanos en la legión, las consagradas, los novicios, los matrimonios, los alumnos y padres de familia en los colegios, las monjas y de forma muy particular su propia familia; su madre, sus hermanos y sobrinos a quienes amaba con profundo y entrañable cariño. Cuando juagaba con ellos en el verano siempre les ganaba, era un gran deportista.

Podemos reconocer su trabajo, era un hombre de inteligencia aguda y profunda, de gran entendimiento, sabiduría y prudencia. Supo poner éstos dones al servicio de la Iglesia en las encomiendas que le dieron como director y como maestro de novicios, siempre haciendo suya la máxima de la Legión “¡Venga tu Reino!”. Fue su incansable tarea, la vivió con alegría y celo de fuego, procuró sembrar semillas del Reino en los corazones de todos aquellos con los que trataba. Hoy ya goza de ese Reino, pero su misión en la tierra, aunque terminada de forma precoz, ya estaba cumplida, pues el Reino lo llevaba ya en su corazón y nos permitió acercarnos a el a todos los que hemos podido vislumbrar en su alma transparente que su unión con Dios ya en la tierra, hacía de su vida un cielo, plantaba en su persona un trocito del Reino entre nosotros.

montañas

Trabajó, amó, sirvió, hizo mucho…pero su mayor valor no fue su “hacer” sino su “Ser”.

Su vida, de apenas 50 años, dio mucho fruto porque se entrego por entero, fue la semilla que cae en tierra y muere, el frasco de nardo que se rompe para exhalar su perfume en un derroche de amor. Fue su completa adhesión a Cristo, su voluntad unida a la Voluntad del Padre y su profundo espíritu de oración los que le dieron la capacidad de sobrellevar las dificultades y mantenerse fiel, su gran amor por Jesucristo le dio gran capacidad de sufrir. Su búsqueda de la verdad le llevó siempre a la luz y a permanecer en el camino, incluso ayudando a otros a continuar.

Homilía del Padre Paul: “Que no tiemble vuestro corazón. El P. Miguel vive, no está muerto. Gracias P. Miguel por tu testimonio, por tu libertad, por tu amistad, por tu fe, por tu humildad. Desde allá ayúdanos a vivir la reforma en la que estamos como Dios lo quiere. Desde allá vela sobre tu madre y tus hermanos, acarícialos y dales ganas de Dios, a ellos y a nosotros…Y de nuevo podemos preguntarnos: ¿Por qué Dios se lo lleva si nos ayudó a ser más de la Iglesia? En realidad la pregunta es: cuando morimos ¿Podemos hacer más o menos? El secretario del Papa seguramente puede hacer más por ti si tienes un asunto importante que comunicarle al Santo Padre. Y si uno está con Dios, ¿Puede hacer más o menos? El Concilio Vaticano II habla de los que ya están en el cielo, de los que se están preparando para ver a Dios y de los que estamos aquí. Vamos haciendo un camino juntos. Están con nosotros y juntos nos ayudan como hermanos mayores. Nos ayudan a ir hacia a Dios.”

En este día, primer aniversario de su muerte, nuestra familia del Carmelo Teresiano celebra la fiesta de todos los santos de la Órden del Carmen. El evangelio que hemos escuchado en la misa de hoy es el de las Bienaventuranzas. Nuestro Padre Miguel, sin duda ya lo vive en la casa del Padre, es un Bienaventurado con todos los santos, y lo fue también en la tierra: “Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. Su vida llegó a esa plenitud, guardaba en su corazón una comunión de amor con Dios que le hizo a el llegar a la meta, plantar una semilla del Reino con su vida y muerte y ser para todos los que le conocimos una “transparencia” de Dios que irradiaba la belleza, el amor y la bondad como un perfume.

Gracias Padre Miguel.

Celebrando la Eucaristía el día de Navidad en nuestra capilla.

Celebrando la Eucaristía el día de Navidad en nuestra capilla.

 

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2 Respuestas a “Transparencia de Dios

  1. He quedado enamorada de P. Miguel Romeo que belleza de vida, sus 50 años, los vivio a plenitud.El mundo necesita sacerdotes con esta personalidad alegre y de entrega total al reino de Dios, que nos haga enmorarnos de Jesus, que nos cautive cada vez mas, en los caminos de Dios.Solo leyendo parte de su hermosa vida, me parece oler el perfume a nardo, de su hermosa alma.Muchas gracias por tan inspirador mensaje.

  2. Inició su periodo de “prácticas apostólicas” en el Instituto Cumbres de Mérida como “firmador espiritual”. Como superior y Director del Cumbres, doy testimonio de que fue un religioso sumamente comprometido con sus responsabilidades, incansable, alegre y fiel

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