Vivencia trinitaria en Santa Teresa

Terminado el tiempo Pascual, la Iglesia pone a nuestra consideración unas solemnidades del Señor en el tiempo ordinario el próximo domingo 31 de mayo celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad y la Jornada dedicada a los monjes y monjas de vida orante en la Iglesia, la Jornada Pro Orantibus que este año acontece en el marco del Año de la Vida Consagrada proclamado por el papa Francisco para toda la Iglesia y dentro del V Centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús. Por esta razón, la imagen y el lema elegidos para la jornada son netamente teresianos: la frase del conocido poema “Nada te turbe” de Santa Teresa, una de las más populares sigue siendo una expresión interpelante: ¡Solo Dios basta!

Santa Teresa como todos los místicos, ha comprobado que hay un lugar en el centro de cada persona que solo Dios puede llenar, una sed de infinito que no se sacia sino con Él. Totalmente enamorada, Teresa anhela esa intimidad para amar más a su Dios Uno y Trino, para estar más unida, verse movida y gobernada por él. Servirle cada vez mejor y darle gloria en cada una de sus acciones. La Santa dice expresamente que el objeto del Señor es comunicarse a las almas y hacerles tantas gracias, no solo por regalarlas, sino para “fortalecer nuestra flaqueza para poder imitar más a Jesús en el padecer”.

Nos ayuda e ilumina la palabra confiada de Teresa de Jesús:

“Estando un día muy penada por el remedio de la Orden, me dijo el Señor: «Haz lo que es en ti y déjame tú a Mí y no te inquietes por nada; goza del bien que te ha sido dado, que es muy grande; mi Padre se deleita contigo y el Espíritu Santo te ama»” (R 13). “En todo me parecía hablaba en él el Espíritu Santo para curar mi alma, según se imprimía en ella” (Cf. V 23,16)

Acojamos el Misterio de Amor Trinitario que nos habita, nos sostiene, nos rodea, nos constituye.

Abrámonos a esa dimensión profunda donde TODOS SOMOS UNO CON EL PADRE EL HIJO Y EL ESPÍRITU.

Acallemos la mente, silenciemos el pensamiento. Vivamos únicamente aquí y ahora con esa disposición que tenía la Santa de ofrenda agradable a Dios Uno y Trino que nos dejó sus poemas:

Canto: Alma buscarte has en Mí
SILENCIO.

Vivencia Trinitaria

La puerta para estar abiertos a la comunión con Dios, nos ha dicho Teresa, es la oración. Perseverar en el camino no es fácil, nadie ha dicho nunca que la oración fuese una tarea sencilla y tampoco lo es ahora. Pero Santa Teresa nos da algunas claves que nos permiten afianzarnos en esa necesaria perseverancia.
Significa mirarlo, considerar su vida para despertamos a amarle, a obrar por Él y como Él. Cristo es el camino (ninguno va al Padre sino por mí) y el ancla (quien me ve, ve a mi Padre).

Esta vivencia de comunión con las Divinas Personas mantiene encendido el fuego del amor; reaviva la llama del encuentro y la presencia; produce los frutos de amor en el orante. “Paréceme a mí que el Espíritu Santo debe ser medianero entre el alma y Dios y el que la mueve con tan ardientes deseos, que la hace encender en fuego soberano, que tan cerca está. ¡Oh Señor, qué son aquí las misericordias que usáis con el alma! Seáis bendito y alabado por siempre, que tan buen amador sois” (Conceptos de Amor de Dios 5,5).  Silencio.

“Aquí se le comunican todas tres Personas… y la dan a entender aquellas palabras que dice el Evangelio [Jn 14,23] que dijo el Señor: que vendría El y el Padre y el Espíritu Santo a morar con el alma que le ama y guarda sus mandamientos” (7M 1,6). Silencio.

“¡Oh, válgame Dios! ¡Cuán diferente cosa es oír estas palabras y creerlas, a entender por esta manera cuán verdaderas son! Y cada día se espanta más esta alma, porque nunca más le parece se fueron de con ella, sino que notoriamente ve… que están en lo interior de su alma, en lo muy muy interior, en una cosa muy honda, que no sabe decir cómo es, porque no tiene letras, siente en sí esta divina compañía” (7M 1,6.8).

Canto: la Fonte

Silencio

Para ayudarnos a vivir en esta presencia amorosa de Dios, Teresa tiene una infinidad de palabras vivas. Sobre todo, invita a ponerse «junto a la fuente». Como sea, dice ella: «como pudiere». Con palabras o sin ellas, apoyándose en meditaciones o recogiéndose en lo profundo. Pensar en Él y en su vida para «conocer la bondad del Señor por experiencia» y experimentar su amistad. Dirá: «se esté allí con Él, acallado el entendimiento. Si pudiere, ocuparle en que mire que le mira, y le acompañe y hable y pida y se humille y regale con Él», porque así se va conociendo a Dios en verdad, «y de esta compañía tan continua nace un amor ternísimo con Su Majestad y unos deseos… de entregarse toda a su servicio». Es fiarse de Él, que «nunca falta», dejar la vida en sus manos y ocuparse de sus cosas. Sabiendo que esas cosas no son otras sino las que dan vida a los seres humanos. Por eso, dirá: «¡Oh Jesús mío, quién pudiese dar a entender la ganancia que hay de arrojamos en los brazos de este Señor nuestro y hacer un concierto con Su Majestad, que mire yo a mi Amado y mi Amado a mí; y que mire Él por mis cosas, y yo por las suyas!».

Silencio
Canto: El mirar de Dios es amar

La fecundidad apostólica de toda alma no depende tanto de su actividad externa cuanto de la vivencia interna de la caridad y de la profundidad de la comunión con Dios.

Las palabras de Teresa encierran una lección de vida, nos llevan del compromiso a la misión: «Creedme, que Marta y María han de andar juntas para hospedar al Señor y tenerle siempre consigo, y no le hacer mal hospedaje no le dando de comer… Su manjar es que de todas las maneras que pudiéremos lleguemos almas para que se salven y siempre le alaben».

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