Orar el Padrenuestro con Santa Teresa

Orar para Teresa es advertir la presencia permanente de Dios en el hombre, en el centro de su castillo interior. La vida puede ser una oración permanente si caemos en la cuenta de que estamos con Dios y Dios con nosotros.

La oración cristiana del Padre Nuestro es palabra de Dios. Es una enseñanza de Jesucristo. Teresa nos recomienda orar con ella, y nos enseña con ese matiz de la oración teresiana, que es un trato de amistad, “estando tantas veces a solas con quién sabemos nos ama”.

“Es cosa para alabar mucho al Señor cuán subida en perfección es esta oración evangélica, bien como ordenada de tan buen Maestro, y así podemos, hijas, cada una tomarla a su propósito. Espántame ver que en tan pocas palabras está toda la contemplación y perfección encerrada, que parece no hemos menester otro libro sino estudiar en éste. Porque hasta aquí nos ha enseñado el Señor todo el modo de oración y de alta contemplación, desde los principiantes a la oración mental y de quietud y unión, que a ser yo para saberlo decir, se podía hacer un gran libro de oración sobre tan verdadero fundamento.” (Camino 27,1)

“Siempre es gran bien fundar vuestra oración sobre oraciones dichas de tal boca como la del Señor… iré fundando por aquí unos principios y medios y fines de oración…”

Padre nuestro

PADRE: es una confesión, por alabanza, confesamos que Dios es Padre, si quitásemos la palabra Padre esta oración no tendría sentido.

NUESTRO: Jesús con su encarnación, muerte y resurrección, asumió nuestra naturaleza y nos reconcilió con el Padre, haciéndonos hermanos suyos. Estamos ante una oración de Jesús, oramos con Jesús. todo lo que pidamos en nombre de Jesús el Padre nos lo dará, por eso hay que pedir lo que Jesús pediría.

¡Oh Hijo de Dios y Señor mío!, ¿cómo dais tanto junto a la primera palabra? Ya que os humilláis a Vos con extremo tan grande en juntaros con nosotros al pedir y haceros hermano de cosa tan baja y miserable, ¿cómo nos dais en nombre de vuestro Padre todo lo que se puede dar, pues queréis que nos tenga por hijos, que vuestra palabra no puede faltar? Obligáisle a que la cumpla, que no es pequeña carga, pues en siendo Padre nos ha de sufrir por graves que sean las ofensas. Si nos tornamos a El, como al hijo pródigo hanos de perdonar, hanos de consolar en nuestros trabajos, hanos de sustentar como lo ha de hacer un tal Padre, que forzado ha de ser mejor que todos los padres del mundo, porque en El no puede haber sino todo bien cumplido, y después de todo esto hacernos participantes y herederos con Vos. (Camino 27, 2 )

Teresa reza desde la confianza en esta palabra: padre, y en la experiencia que tiene de ella. Nos quiere trasmitir su experiencia, nos quiere engolosinar.
Sabe que la oración es un gran bien y quiere comunicarlo, quiere cantar las misericordias de Dios, lo que Dios ha hecho con ella, lo que Dios puede hacer con todos nosotros, como Dios nos quiere, nos aguanta, nos espera siempre.

Silencio

Teresa nos recomienda que unamos la oración vocal con la oración mental, considerar y entender la palabra “Padre”, para que sintiéndonos hijos, se mueva nuestro corazón a amar a tan buen Padre.
“Pues ¿paréceos, hijas, que es buen maestro éste, pues para aficionarnos a que deprendamos lo que nos enseña, comienza haciéndonos tan gran merced? Pues ¿paréceos ahora que será razón que, aunque digamos vocalmente esta palabra, dejemos de entender con el entendimiento, para que se haga pedazos nuestro corazón con ver tal amor? Pues ¿qué hijo hay en el mundo que no procure saber quién es su padre, cuando le tiene bueno y de tanta majestad y señorío?” (Camino 27,5)
“Y procurad, hijas mías, ser tales que merezcáis regalaros con Él, y echaros en sus brazos. Ya sabéis que no os echará de sí, si sois buenas hijas. Pues ¿quién no procurará no perder tal Padre?”

Silencio

Que estás en el Cielo

Dónde está el cielo…

Ya sabéis que Dios está en todas partes. Pues claro está que adonde está el rey, allí dicen está la corte. En fin, que adonde está Dios, es el cielo. Sin duda lo podéis creer que adonde está Su Majestad está toda la gloria. Pues mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo. (Camino 28-2)

Santa Teresa invierte los términos, no es que Dios está en el cielo, sino adonde está Dios es el cielo.

“¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que no ha menester para hablar con su Padre Eterno ir al cielo, ni para regalarse con El, ni ha menester hablar a voces? Por bajo que hable, está tan cerca que nos oirá. Ni ha menester alas para ir a buscarle sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no extrañarse de tan buen huésped; sino con gran humildad hablarle como a padre, pedirle como a padre, contarle sus trabajos, pedirle remedio para ellos, entendiendo que no es digna de ser su hija”. (Camino 28-2b)

No hay que ir lejos para encontrar a Dios, ni dar voces para hablar con Él, Dios siempre prefiere el susurro, la voz callada. Hay que ponerse en soledad y mirarse dentro de sí y no extrañarse de tal huésped. No nos extrañemos de tener el cielo adentro de nosotros. Teresa nos alarma para que pensemos que lo grande no está fuera, está dentro, y Dios como nuestro Huésped requiere nuestra atención.

“Pues hagamos cuenta que dentro de nosotras está un palacio de grandísima riqueza… y que en este palacio está este gran Rey, que ha tenido por bien ser vuestro Padre; y que está en un trono de grandísimo precio, que es vuestro corazón”. ( Camino 28,9)

Silencio

Santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino

Después de llamar a Dios Padre y reconocerlo como “dador” o “causa” del Cielo, Teresa une las dos primeras peticiones. Llama la atención la traducción que ella hace: “Venga en nosotros tu reino” Gozar de su Reino para poder santificar su nombre. “Pon tu Reino (el Cielo que es la presencia de Dios) en nosotros para que podamos santificar tu nombre”.

Mas como vio Su Majestad que no podíamos santificar ni alabar ni engrandecer ni glorificar este nombre santo del Padre Eterno conforme a lo poquito que podemos nosotros, de manera que se hiciese como es razón, si no nos proveía Su Majestad con darnos acá su reino, y así lo puso el buen Jesús lo uno cabe lo otro”. (Camino 30, 4).

Pedimos que este Dios venga a nosotros, que nos ilumine, que no nos deje solos y que nos acompañe, que se rebaje a nuestra condición y tengamos amistad con Él, en su compañía y amistad reside el cielo en nosotros, el Reino que pedimos, el Reino del Cielo en la tierra.

Ahora, pues, el gran bien que me parece a mí hay en el reino del cielo, con otros muchos, es: ya no tener cuenta con cosa de la tierra, sino un sosiego y gloria en sí mismos, un alegrarse que se alegren todos, una paz perpetua, una satisfacción grande en sí mismos, que les viene de ver que todos santifican y alaban al Señor y bendicen su nombre y no le ofende nadie. Todos le aman, y la misma alma no entiende en otra cosa sino en amarle, ni puede dejarle de amar, porque le conoce. Y así le amaríamos acá, aunque no en esta perfección, ni en un ser; mas muy de otra manera le amaríamos de lo que le amamos, si le conociésemos”. (Camino 30,5)

Silencio

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo

Igual que ha hecho anteriormente, Teresa modifica la traducción del latín a su manera, quiere que nos demos cuenta que lo que tenemos que entregar es nuestra voluntad.

Partimos de que el Padrenuestro es palabra de Jesús, en esta petición ofrece por nosotros al Padre nuestra voluntad. Teresa lee esta petición como: “Sea hecha tu voluntad; y, como es hecha en el cielo, así se haga en la tierra”.

“Es don de la Sabiduría divina el conocer y el cumplir la voluntad de Dios. El cristiano, por ello, ruega al Padre que otorgue a sus hijos “hacer lo que le agrada”, concediéndoles vivir escuchando y practicando la palabra de su Hijo. Por la oración, podemos “discernir cuál es la voluntad de Dios” y obtener “constancia para cumplirla”.

Porque nos ha dado su reino, podemos dar nuestra voluntad, pues sabemos que no podemos hacer el bien sin la ayuda de Dios.

“Bien hicisteis, nuestro buen Maestro, de pedir la petición pasada para que podamos cumplir lo que dais por nosotros; porque, cierto, Señor, si así no fuera, imposible me parece. Mas haciendo vuestro Padre lo que Vos le pedís de darnos acá su reino, yo sé que os sacaremos verdadero en dar lo que dais por nosotros; porque hecha la tierra cielo, será posible hacerse en mí vuestra voluntad . Mas sin esto, y en tierra tan ruin como la mía y tan sin fruto, yo no sé, Señor, cómo sería posible. Es gran cosa lo que ofrecéis”. (Camino 32,2)

“…porque ya tengo probado, y gran experiencia de ello, la ganancia que es dejar libremente mi voluntad en la vuestra. ¡Oh amigas, qué gran ganancia hay aquí, o qué gran pérdida de no cumplir lo que decimos al Señor en el Paternóster en esto que le ofrecemos!”. (Camino 32,4).

Teresa hace hincapié en declarar que ofrecemos la vida, que la oración es el camino para entender la voluntad de Dios, para disponerme a que Dios haga su voluntad en mí. El amor es el que nos capacita para llevar la cruz.

“Cúmplase, Señor, en mí vuestra voluntad de todos los modos y maneras que Vos, Señor mío, quisiereis. Si queréis con trabajos, dadme esfuerzo y vengan; si con persecuciones y enfermedades y deshonras y necesidades, aquí estoy, no volveré el rostro, Padre mío, ni es razón vuelva las espaldas. Pues vuestro Hijo dio en nombre de todos esta mi voluntad, no es razón falte por mi parte; sino que me hagáis Vos merced de darme vuestro reino para que yo lo pueda hacer, pues él me le pidió, y disponed en mí como en cosa vuestra, conforme a vuestra voluntad”. (Camino 32, 10)

Silencio

El pan nuestro de cada día dánosle hoy

“Pues entendiendo, como he dicho, el buen Jesús cuán dificultosa cosa era ésta que ofrece por nosotros, conociendo nuestra flaqueza y que muchas veces hacemos entender que no entendemos cuál es la voluntad del Señor…No hubiera sino muy poquitos que cumplieran esta palabra que por nosotros dijo al Padre, de “fiat voluntas tua”. Pues visto el buen Jesús la necesidad, buscó un medio admirable adonde nos mostró el extremo de amor que nos tiene, y en su nombre y en el de sus hermanos pidió esta petición: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, Señor”. (Camino 33,1)

“…visto el buen Jesús…ser nosotros tales y tan inclinados a cosas bajas y de tan poco amor y ánimo, que era menester ver el suyo para despertarnos, y no una vez, sino cada día, que aquí se debía determinar de quedarse con nosotros.” (Camino 33,1b)

Teresa lee la oración “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, Señor” y se da cuenta que se repite el adverbio, “hoy” y “cada día”.

“Cada día” significa que Dios nos da siempre el pan, su compañía, tanto en la tierra como en el cielo. Cuando Teresa dice siempre, significa siempre, siempre. “Hoy” , para Teresa es un día, pero no un día de 24 horas, un día para Teresa es lo que dura el mundo.

“Pues en esta petición, “de cada día” parece que es “para siempre”. Estando yo pensando por qué después de haber dicho el Señor “cada día”, tornó a decir “dánoslo hoy, Señor”, ser nuestro cada día, me parece a mí porque acá le poseemos en la tierra y le poseeremos también en el cielo, si nos aprovechamos bien de su compañía, pues no se queda para otra cosa con nosotros sino para ayudarnos y animarnos y sustentarnos a hacer esta voluntad que hemos dicho se cumpla en nosotros”. (Camino 34,1)

“El decir “hoy”, me parece es para un día, que es mientras durare el mundo, no más. ¡Y bien un día!” (Camino 34,2)

Aunque pidamos el pan material, tengamos presente que Dios nos da a su Hijo en la Eucaristía. Teresa vivía tan intensamente el momento de la comunión como un encuentro real con Jesucristo presente en las formas del Pan y el Vino.

“Mas acabando de recibir al Señor, pues tenéis la misma persona delante, procurad cerrar los ojos del cuerpo y abrir los del alma y miraros al corazón; que yo os digo, y otra vez lo digo y muchas lo querría decir, que si tomáis esta costumbre todas las veces que comulgareis, y procurad tener tal conciencia que os sea lícito gozar a menudo de este bien, que no viene tan disfrazado que, como he dicho, de muchas maneras no se dé a conocer, conforme al deseo que tenemos de verle. Y tanto lo podéis desear, que se os descubra del todo.” (Camino 34,12)

Silencio

Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

“Pues viendo nuestro buen Maestro que con este manjar celestial todo nos es fácil…y que podemos cumplir muy bien lo que hemos dicho al Padre de que se cumpla en nosotros su voluntad, dícele ahora que nos perdone nuestras deudas, pues perdonamos nosotros… Miremos, hermanas, que no dice “como perdonaremos”, porque entendamos que quien pide un don tan grande como el pasado y quien ya ha puesto su voluntad en la de Dios… todo lo ha de tener hecho, con la determinación al menos.” (Camino 36).

“Más miren qué estas dos cosas, que es darle nuestra voluntad y perdonar, que es para todos….Porque parece una manera de concierto que de nuestra parte hace con su Eterno Padre, como quien dice “Haced vos esto, Señor, y harán mis hermanos estotro”. Pues a buen seguro que no falte por su parte”. (Camino 37, 1).

“Mas ¡qué estimado debe ser este amarnos unos a otros del Señor! Pues pudiera el buen Jesús ponerle delante otras, y decir: “perdonadnos, Señor, porque hacemos mucha penitencia, o porque rezamos mucho y ayunamos y lo hemos dejado todo por Vos y os amamos mucho”; y no dijo “porque perderíamos la vida por Vos”, y -como digo- otras cosas que pudiera decir, sino sólo “porque perdonamos”. Por ventura, como nos conoce por tan amigos de esta negra honra y como cosa más dificultosa de alcanzar de nosotros y más agradable a su Padre, la dijo y se la ofrece de nuestra parte.” (Camino 3,7).

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Teresa sabe por experiencia que Dios siempre nos libra porque nos ama, que nos da su fuerza para vencer el mal que el enemigo pueda sembrar en nosotros, pero sabe también por experiencia que no siempre somos conscientes de este mal, que podemos estar errados por ignorancia, por falta de luz, por artimañas del enemigo que nos engaña.

“Grandes cosas tenemos aquí, hermanas, que pensar y que entender, pues lo pedimos. Ahora mirad que tengo por muy cierto los que llegan a la perfección que no piden al Señor los libre de los trabajos ni de las tentaciones ni persecuciones y peleas… antes los desean y los piden y los aman. Son como los soldados, que están más contentos cuando hay más guerra, porque esperan salir con más ganancia…no ven la hora que pelear; nunca temen mucho enemigos públicos; ya los conocen y saben que, con la fuerza que en ellos pone el Señor, no tienen fuerza… Los que temen, y es razón teman y siempre pidan los libre el Señor de ellos, son unos enemigos que hay traidores, unos demonios que se transfiguran en ángel de luz… De éstos pidamos, hijas, y supliquemos muchas veces en el Paternóster que nos libre el Señor y que no consienta andemos en tentación; que no nos traigan engañadas, que se descubra la ponzoña, que no os escondan la luz y la verdad. ¡Oh, con cuánta razón nos enseña nuestro buen Maestro a pedir esto y lo pide por nosotros!”. (Camino 38,1)

Oración de Santa Teresa alentando, para que no nos detengamos ante las dificultades:
“A los que veo más aprovechados y con estas determinaciones, y desasidos y animosos, los amo mucho, y con tales querría yo tratar, y parece que me ayudan… porque me parece que ayuda Dios a los que por El se ponen a mucho, y que nunca falta a quien en El solo confía, y querría hallar quien me ayudase a creerlo así, y no tener cuidado de lo que he de comer y vestir, sino dejarlo a Dios… Y después que me ha dado esta libertad, vame bien con esto y procuro olvidarme de mi cuanto puedo.”

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