modos en la oración teresiana

La manera de orar teresiana resulta muy sugestiva para el hombre actual. Porque somos seres sociables que necesitamos desarrollar en nosotros esta tendencia hacia los otros, y concretamente hacia el Ser de Dios, a cuya imagen y semejanza somos creados.

Santa Teresa de Jesús nos enseña de una manera sencilla cómo entrar en diálogo con Dios:

“Procuraba lo más que podía traer a Jesucristo dentro de mí presente” (V. 9,4). Representar a Jesucristo dentro de sí era para ella la manera de contactar con Dios. Manera que cobraba todo su realismo en el momento de la comunión eucarística. “Entrábame con el”, nos cuenta en el libro de su vida. Orar es para ella prestar atención a la Persona, Dios, dentro del propio espacio interior. Por eso Sta. Teresa nos aconseja: “Se esté allí con Él” (V.13, 22).

Para explicar este lenguaje de la oración, Sta. Teresa recurre a una serie de comparaciones muy hermosas acerca de las relaciones de amistad entre los dos protagonistas: Dios y la persona. Son los cuatro grados de la oración. Santa Teresa compara al alma como un huerto donde Dios quita las malas hierbas y planta las buenas. La persona es el hortelano que debe cuidar el huerto de su alma para que no se sequen las plantas de virtudes que Dios siembra en ella. Todo está en la solicitud del hortelano, en ese tener cuidado de no malograr la siembra que Dios hace en su huerto-alma. El punto de referencia para la persona es siempre Dios: contentarle. De esta manera la persona se librará de caer en un egocentrismo espiritual malsano, y del descontento en la relación de amistad con Dios.

Estos son los cuatros grados de la oración teresiana, es decir, las cuatro maneras de regar el huerto del alma:

Primer grado:

“De los que comienzan a tener oración podemos decir son los que sacan el agua del pozo, que es muy a su trabajo”, dice la santa en el libro de su vida (V.11,9)

En este primer grado el principiante en el camino de la oración experimenta trabajo, esfuerzo en el ejercicio y vida de oración, debido a su natural poco acostumbrado a recogerse en el interior de su alma. El hombre está derramado hacia fuera y por eso su oración es costosa, “muy a su trabajo” y con escaso fruto. Sentirá malestar y disgusto cuando a pesar de su trabajo en recogerse y meditar no halle en sí sino sequedad y sinsabor. Santa Teresa invita al orante a no quedarse en una praxis de la oración que no agrada al sentido. No hay que quedarse preso del ejercicio de la oración dura, sino abrirse a un planteamiento de vida en amistad. Amor limpio, desinteresado, “sin sueldo”. Es la amistad. Así nos enseña: “Pues sabe le contenta (a Dios) con aquello (ejercicio de oración seca), y su intento no ha de ser contentarse a sí, sino a él…”(V.11,13).

En este modo el orante debe sustentarse en la oración con el ejercicio de la meditación, es decir, el discurrir del entendimiento en buenos libros que le lleven al trato de amistad con Dios, o pensando sobre las grandezas de Dios, etc. Pero la santa insiste en que no se le vaya en ésto todo el tiempo de la oración. Sino que “ se representen delante de Cristo, y sin cansancio del entendimiento, se estén hablando y regalando con él”. “Mire que le mira” (V. 13,11)

Esto es lo que puede adquirir el que comienza en este camino. La santa advierte que el orante no debe intentar suspender la actividad del entendimiento para ayudarse a la oración, cosa que pasa apenas gusta las primeras “devociones” en la oración, sino dejar que Dios se lo suspenda cuando quiera. Que no está en nosotros procurarnos sentir los gustos de Dios. De lo contrario perdería el tiempo, quedándose el alma boba y fría.

Se entiende, por tanto, que en esta primera manera de regar el huerto se saca el agua del pozo, esto es, discurriendo con el entendimiento.

Segundo grado:

En la segunda forma o grado de oración se saca el agua con una noria: “…con noria y arcaduces, que se saca con un torno (yo lo he sacado algunas veces), es a menos trabajo y sácase más agua” (V. 11,7), dice Sta. Teresa.

Aquí el orante experimenta en sí unos gustos muy particulares que no vienen de ninguna manera procurados por su mucho discurrir o meditar en las cosas de Dios. Aunque aquí no se ha de dejar del todo la oración mental. La santa nos habla de la oración de quietud, que es precisamente una comunicación de Dios al alma en la que la persona siente en sí un recogimiento hacia lo profundo de su ser, en el que su voluntad siente y goza claramente de unos gustos, contentos, que no había conocido antes en ninguna cosa de este mundo terreno, tanto que no se querría bullir: “Aquí se comienza a recoger el alma, toca ya aquí cosa sobrenatural, porque en ninguna manera puede ganar aquello por diligencias que haga” (V. 14,3)

Es cosa ya sobrenatural, es decir, por encima de lo que el hombre puede. Viene de Dios que se comunica al alma y quiere que el alma sienta cómo se le comunica. Dios actúa directamente en la voluntad intensificando el amor. Cautiva: “¡Oh Jesús y Señor mío, qué nos vale aquí vuestro amor!, porque éste tiene el nuestro tan atado que no deja libertad para amar en aquel punto a otra cosa sino a Vos!”(V.14, 2)

La persona ve en sí con certeza que estuvo el Señor con ella. Va creciendo en virtudes: “comienza a perder la codicia de lo de acá”(V.14,8). Además desea ratos de soledad para gozar más de aquel bien, “porque comienza el Señor a encender el verdadero amor suyo”. El alma siente en sí que la oración es principio de todos los bienes y por nada querría dejarla.

Tercer grado:

En este grado de oración el agua con que se riega esta huerta del alma “es agua corriente de río o de fuente, que se riega muy a menos trabajo, aunque alguno da el encaminar el agua. Quiere el Señor aquí ayudar al hortelano de manera que casi él es el hortelano y el que hace todo” (V.16,1)

Una vez más Dios sale al encuentro del orante pues su acción es mucho más abundante. Sta. Teresa nos habla del sueño de potencias como oración propia en esta tercera manera de regar el huerto. La experiencia de la gracia es mucho más clara que en la oración anterior: ”Es que da el agua a la garganta a esta alma”. ”Es un sueño de las potencias que ni del todo se pierden, ni entienden cómo obran” La acción de Dios alcanza al hombre en su interior__ en las potencias__ más fuerte y vivamente que en la oración de quietud pasada. Acción de Dios que “adormece” al hombre con relación a todo lo creado, porque está profundamente cogido por quien está obrando en él en estos momentos. La persona siente en sí “embriaguez y desatino de amor”. “Glorioso desatino, una celestial locura”(V.16,1-2). Es una “unión muy conocida de toda el alma con Dios”(V.17, 4) aunque entiende con claridad que no es del todo unión de todas las potencias. A diferencia de la oración de quietud, aquí el alma tiene más “soltura” para moverse en las actividades de la vida, aunque entiende bien que la mejor parte está con Dios: “atada y gozando” (V.16,2).“… coge Dios la voluntad, y aun el entendimiento, a mi parecer, porque no discurre, sino está gozando de Dios, como quien está mirando y ve tanto que no sabe hacia dónde mirar…” (V.17,5) “Háblanse aquí muchas palabras en alabanzas de Dios sin concierto, si el mismo Señor no las concierta; al menos el entendimiento no vale aquí nada. Querría dar voces en alabanzas el alma, y está que no cabe en sí; un desasosiego sabroso” (V.16,2)

La actitud del orante en esta oración es de un dejarse del todo en los brazos de Dios, porque ya su alma no es suya sino de Dios. Ya nada le puede contentar fuera de Dios. Ya no querría vivir sino en El. El alma se ve otra: más fuerte en virtudes__ “Ya , ya se abren las flores, ya comienzan a dar olor” (V.16,3) __deseosa de servir a su Señor pues tanto le regala el Señor a ella, que quiere ser El el hortelano para que el alma goce.

Cuarto grado:

“… es agua que viene del cielo para con su abundancia henchir y hartar todo este huerto de agua” (V. 18,9).

Se trata de la oración de unión de todas las potencias en la que la acción de Dios envuelve y domina al orante. Santa Teresa se siente aquí inundada de la inefabilidad de esta experiencia. Describe así la oración de unión: “Acá no hay sentir, sino gozar sin entender lo que se goza. Entiéndese que se goza un bien adonde juntos se encierran todos los bienes, mas no se comprende esto bien. Ocúpanse todos los sentidos en este gozo, de manera que no queda ninguno desocupado para poder en otra cosa exterior ni interiormente” ocuparse. (V.18, 1) El alma “siente con un deleite grandísimo y suave casi desfallecer toda con una manera de desmayo… toda la fuerza exterior se pierde y se aumenta en las del alma para mejor poder gozar de su gloria. El deleite exterior que se siente es grande y muy conocido” (V.18, 10) La acción de Dios es tan fuerte que suspende todas las potencias, hasta tal punto que no puede ocuparse en nada. “Dios coge al alma y la lleva consigo” “Viene un ímpetu tan acelerado y fuerte, que veis sentir y sentís levantarse esta nube (de la gran Majestad de Dios)”. Ni tampoco entender durante la comunicación lo que se le está dando. Se da por tanto una concentración total de la persona entera: interior y exterior, potencias y sentidos en Dios. En esta comunicación de Dios el alma se representa estar junto a El, y tiene absoluta certeza de su presencia. Santa Teresa llama a esta gracia de unión levantamiento de espíritu o vuelo de espíritu y unión. Vienen a ser dos maneras de realizarse esta gracia de la unión plena con Dios.

El orante siente en sí grandísimas ganancias en sí: psicológicas: ternuras y lágrimas gozosas, deleite. Morales: “Queda el alma animosa” empeñarse por Dios. “Promesas y determinaciones heroicas” (V.19, 2). Y generosidad en la entrega a los demás. “Comienza a aprovechar a los prójimos” (V.19, 3). Y teologales: Gran concentración amorosa, existencial en Dios. “Quédase sola con él” (V.19, 3) El hombre hunde sus raíces en Dios. Opta por él. De cara a las criaturas se traduce en “desasimiento”, desarraigo, liberación. “Humildad más crecida” (V.19, 2) A la persona le ilumina una gran luz, un conocimiento de su ser, de su indignidad, “ve su miseria”. Un conocimiento de la vanidad del mundo y la verdad de Dios que tan portentosamente ha obrado en él.

Conviene decir que a esta oración de unión se llega normalmente después que el orante se ha ejercitado durante largo tiempo en la oración mental. Aunque también puede ser concedida, por gracia de Dios, estando todavía muy atrás en el camino.

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5 Respuestas a “modos en la oración teresiana

  1. Pingback: la oración teresiana « Carmelitas Descalzas de Cádiz·

  2. Qué cosa tan bonita. Me gusta mucho todo lo que nos enseñan de la m, muy puntual y entendible. Este sitio es maravilloso. Gracias por todo.

  3. Muchisimas gracias por enviar eseenriquecimiento interior de la Sta. Madre que me identifica con ella como teresiana.

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