Maestro ¿dónde vives?

Al día siguiente, se encontraba de nuevo allí Juan con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: “He ahí el Cordero de Dios”. Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se vuelve, y al ver que le seguían, les dice: “¿Qué queréis?” Ellos le respondieron: “Maestro, ¿dónde vives?”. Les respondió: “Venid y lo veréis”. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día. Era más o menos, la hora décima. (Jn.2,38-39)

Jesús pasaba…

Jesús pasa en nuestras vidas, en tu vida. Nosotras, las Carmelitas Descalzas, hemos hecho de ese paso de Jesús la ilusión de nuestras vidas. Queremos que El sea el protagonista de nuestra historia personal. Por eso hemos decidido seguirle en la vida religiosa contemplativa, como carmelita descalza.

En el contacto, en el silencio y soledad con Jesús, se produce esta experiencia vocacional de llamada a su seguimiento. Fue la experiencia de Jeremías, el profeta: “Me has seducido, Señor, y me dejé seducir”. (Jr.20,7). Y también es la nuestra. Nos sentimos de tal manera seducidas por el Señor que lo hemos dejado todo por seguirle. Como Pedro, el pescador de Galilea, como Juan, como tantos otros… Esto nos hace inmensamente felices.

Si sientes que Jesús seduce tu corazón de una manera especial, la vida religiosa puede ser tu camino. Acoge el don infinito de su amor.

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